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Indice biográfico de Músicos Tachirenses historiador Rafael Maria Rosales (1962) colección Manuel Felipe Rugeles N° 8

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 OBDULIO ALTUVE ZAMBRANO: Este pianista, político y compositor nació en Rubio el 20 de diciembre de 1884 y murió en San Cristóbal el 3 de junio de 1937, cuando aún podía ofrecer la expresión de su alma en la armonía de los aires nativos. En San Cristóbal estuvo radicado desde 1925 o sea desde cuando regresó de su exilio colombiano. Además de político y compositor también fue periodista y escritor. Su producción musical. lamentablemente olvidada como la de otros tantos, la recordamos con sus valses “Granuja”, “Vis a vis”, “Gato negro”, “Hijos del arte”, y “Los Chiflados”, su bambuco “Contrastes”, su danza “Por esos lares”, su fox-trot “María Teresa”, su marcha “Narmo” y su fantasía “Del Manzanares al Torbes”. Fue la suya una inspiración estereotipada en el amanecer llano de nuestras colinas y en esa manera suya de ver las cosas, con altura y buen gusto.

LINO MARÍA ARELLANO: En la joven y prometedora Santa Ana del Táchira y el día 23 de septiembre de 1890, nació este compositor que, según el Dr. J. J. Villamizar dejó una admirable producción musical de la cual se nombran: Una Ave María. La marcha patriótica “Bolívar”, Tres marchas fúnebres: “Viernes Santo”, “Mis Clamores” y “Anima Sola” y las marchas “Como el sol” y “Esperanza”. Los valses religiosos “Una lágrima” y “Viva Cristo Rey” y los valses de expresión popular “Felipe”, “Los Cuatro Polos”, “Juan Alberto”, “Azul de cielo”, “Mi Cumpleaños”, “Córdoba”, “Olivia”, “Los Olivos”, “El Truenito”, “Transformación”, “Las dos caretas”, “Camoruco”, “Delirio”, “El Salto”, “Mi Capricho” y “Culebroso”. Los paso-dobles “El Radio”, “Coralito”, “El Motor”, “Rafael”, “Cariando al gallo”, “Principios”, “Famoso”, “Chepelín”, “Titán”, “'Un saludo a Pérez Soto” y “María Teresa”. Los bambucos “Hurra a Santana”, “Horas tristes” y “Mis Penas Canto”. El joropo “Orinoco”, las rancheras “Luisa” y “La Cafetera”, y la canción “Epílogo”. Este compositor fue discípulo de Francisco Antonio Blanco, Arturo Arciniegas y nuestro extraordinario paisano Francisco Javier Marciales, Además fue un magnífico pedagogo musical porque, al enseñar su arte, él mismo componía los ejercicios para sus alumnos. Dice el Dr. Villamizar que su familia entre las cosas, suyas posee unos 20 ejercicios para bombardino. Su muerte ocurrió el 24 de agosto de 1961 junto al silencio de quienes lo ignoraron en el instante de su viaje sin retorno; como siempre.

JOSÉ FRANCISCO ARIAS: El 4 de junio de 1907 nació en Santa Ana del Táchira este compositor regional. Oyendo la orquestación de los árboles en el camino que llega al barrio El Diamante, alcanzó la intuición musical que lo llevaría a la Banda parroquial donde el maestro Lino María Arellano lo encauzaría por el mundo del pentagrama hasta hacerlo un buen ejecutante del cornetín, a partir de Los 14 años de edad. Cuando el 10 de julio de 1936 dejó de existir Francisquito Arias - como cariñosamente lo llamó su pueblo - , tenía escritas unas veinte piezas, la mayoría de las cuales sucumbieron por la indiferencia de la Junta Comunal de Santa Ana, cuyos archivos - como la mayoría de los existentes en nuestros pueblos - andan, en la oscuridad del abandono. Se han rescatado y pueden conocerse sus valses “Rosas de la tarde”, “Un recuerdo”, “Juramento”, “Alegre Quimera” y “Para ti”, y su pasodoble “Esto es canela”.

JOSÉ LUIS EDUARDO ARMAS MÉNDEZ: En San Cristóbal y el 23 de enero de 1911 nació este compositor. Es uno de esos tachirenses que sienten y saben expresar la música nativa en el deleite de una afición que se da toda en la emoción del pentagrama y en la ejecución del violín. Con Luis Ernesto Florez compuso el bello bambuco “Cantos de mí tierra”. Tiene también escritos los valses “Andinita”, “Lirios tachirenses”, “Monte Bello”, y “Soledad”. Igualmente ha compuesto las canciones populares “Si la vida me sonríe”, “Marinita”, “Serenata” y “Una noche en el mar”, y la “Marcha del Cuatricentenario de San Cristóbal”. Todo en Luis Eduardo es, pues, fervor a su tierra, cariño a su devoción musical y es lamentable que otras piezas suyas se hayan extraviado. Pero otras más habrán de reemplazarlas- porque sus facultades están plenas y rebocantes de amor al Táchira.

ELBANO BERACIERTO: En Barinitas y el 11 de noviembre de 1911 nació Elbano Beracierto, otro llanero con virtud y espíritu tachirenses. Hace un cuarto de siglo llegó a San Cristóbal con su guitarra viajera y aquí enraizó su vida y su inspiración, pues hogar y música suyos han tenido sangre e inquietud nativas. Valses suyos son: “A mi madre”, “Carmen”, “Tutico”, “Inspiración”, “Teresa”, “Barinitas”, “Adiós, Sonia”, “Pirina”, “Henry”, “Delia” y “Poema de amor”; merengues: “En el baile”. “Tres besitos”, “Rosita”, “Gumersindo” y “Negrita Jinda”, bambucos: “San Cristóbal” y “Florecilla del camino”; joropo: “El patico” y pasodoble: “Barinas”. Recientemente el Gobierno del Estado Barinas editó un magnífico lon-play para recoger la armonía de los aires y las esperanzas llaneras en la savia emotiva de este compositor suyo, que también es tachirense porque su guitarra y su voz llenan una época de la radiodifusión regional, pues desde hace 25 años es familiar su sostenido programa “Artistas Unidos del Táchira”, que es parte de su vida y de su Publicidad del mismo nombre, en la cuatricentenaria capital del Táchira. JOSÉ ANTONIO BUSTAMANTE: Nativo de Ureña este compositor nacido en febrero de 1912 cumple eficiente servicio, como primer Cornetín, en nuestra Banda Oficial. Igual servicio ha prestado en Mérida y en la Banda Departamental de Cúcuta, pues como solista es un virtuoso del Cornetín. Sus valses “Claro que sí”, “Por algo será”, “Carmen isleña”, “Quiero amarte”, “Carmen Juanita”, “Aura Elena”, “A orillas de la fuente” y “Recuerdos del ayer”, sus rancheras “No seas esquiva”, “Filomena” y “Tu mirada dulce”, y su bambuco “Hágamele contrapeso”, andan en orquestas y Bandas derramando la esencia de la tradición musical tachirense.

JOSÉ APOLINAR CANTOR: En la norteña ciudad de Colón nació en 1919 este compositor que inició estudios musicales con el maestro Jesús María Maldonado y los templó en nuestra afamada Banda Oficial bajo la insustituible dirección del maestro Rivera Useche. Ya tiene una producción recomendable. “Aires de Táriba”, “Mis tres amores”, y “La Revista” son valses suyos, y también los bambucos “Alma querida”, “Ojos Negros” y “Los Compadres peliones”. Pero la pieza que le ha dado renombre nacional es “El Chorote”, una creación suya basada en el folklore tachirense. Además de instrumentista es Director de Banda. Actualmente dirige en Maturín la Banda del Estado Monagas. En nuestra Escuela de Música fue Director de la Estudiantina de dicho instituto. Mucho es, pues, lo que esperamos de este compositor regional.

ABRAHAM COLMENARES: Casi todo muchacho tachirense ha tenido su flauta de carrizo o, mejor, de caña de cartilla. Es porque en las Bandas Cantarraneras entrenamos el giro de esos airea que afloran en el acorde de nuestra propia alma, cuando nadie nos puede quitar la alegría de sabernos instrumentistas de nuestro mundo interior. Así se han iniciado la mayoría de nuestros musicos. Abraham Colmenares, por ejemplo, nacido en 1925 en la aldea del color, o sea Zorca, entonaba aires populares en su flauta de caña de castilla al promediar sus nueve años. Un tío suyo le construyó mas tarde un violín que debería calificarse como folklórico, pues fue hecho de una calabaza. Desde entonces su afición musical le ha llevado a permanecer sobre la emoción de las notas, unas veces como violinista y otras como ejecutante de la mandolina, el tiple o el cuatro. El agradecimiento de su recuerdo es para el Profesor Alberto Flamini, quien en la Academia de Música del Estado lo estimuló y orientó para dar forma a su vocación. Este músico nuestro, con nombre bíblico, tiene más o menos escritas unas cuarenta composiciones. Las más conocidas son “La Turpialita”, “Evocación”, “El cincuentón”, “Entre músicos”, “El Campechano”, “Yomaira”, “Gira universitaria”, “Mis tristezas” y “Zoraida”. Esta última es su punto de partida como compositor regional.

ANTONIO MARÍA DELGADO BRICEÑO: Este político e intelectual fue también renombrado músico. No se conformó con el placer de oír e interpretar melodías, pues también supo orientar a quienes aspiraban llegar a la meta de su vocación. Por ello dejó escrito un método para guitarra y compuso valses que demuestran su capacidad y delicadeza de compositor. Nacido en Táriba anduvo por los caminos de Venezuela donde ahora se oye con deleite una de sus producciones: “Quejas del Alma”, un vals que es como un recuerdo para alentar el espíritu en una hora de ensueño .

ENRIQUE DUQUE: Nacido en la aldea Llano Grande del Municipio Lobatera el 17 de julio de 1914, este compositor, profesor y buen ejecutante de la guitarra, lleva varios años como integrante de nuestra Banda Oficial y como educador en la Academia de Música. Su producción comprende los valses “Chepina”, “Plenilunio”, “Cuatricentenario”, “Freddy Enrique”, “Cecilia”, “Feliz Aniversario” y “Lobatera”; sus bambucos “Ramona”, “Rosa Haydee”, “Gracias a Dios” y “Ciudad de los Caballeros”; sus joropos “Música y perfume”, “Llano grande” y “Cinelandía”; su pasodoble “Mercedes", su pasillo “Cheito' y su merengue “Vespertinas”.

PEDRO M. DURAN: Ureña, la fronteriza población tachirense, ha sido fecunda en eso de dar músicos a la región. Este trombonista de calificada excepción, por ejemplo, es nativo de allí y en San Cristóbal, bajo la rectoría de Rivera Useche cuajó como buen ejecutante. Hasta 1945 actuó en nuestra Banda del Estado, cuando viajó a Caracas para codearse con los mejores músicos de la capital venezolana. De él conocemos la siguiente producción: “Canta Pavo Real”, un galerón de auténticas características regionales y los siguientes valses: “El Centinela” (dedicado al periódico sancristobalense de este nombre con letra de Luís Olinto Medina), “Punto Azul”, “Beatriz” y “Roció Montañés”. Ha sido o es integrante do la afamada orquesta “Billo's Caracas Boy”.

MIGUEL ÁNGEL ESPINEL: El 4 de diciembre de 1895 nació en San Crístóbal este compositor y excelente Director y Maestro. Desde joven tuvo el deseo de ser uno de los forjadores del renombre musical de nuestra tierra y lo alcanzó plenamente, pues según el concepto del reputado crítico venezolano Eduardo Feo Calcaño es “una de las más altas cifras de la música, no solamente en Venezuela sino en el habla española”. Viajó a Caracas donde fue aventajado alumno del primer Instituto musical del país y en 1922 pasó a Europa a estudiar composición, armonía y orquestación en afamados Conservatorios de Berlín y París y a codearse con los mejores maestros de la época y a solidificar una cultura musical envidiable. En la capital espiritual del mundo tuvo maestros a Henri Erusser, Madame Lwowoski y a los grande violinistas Alezander Fiedeman y Mischa EIman. Se hizo, pues, un virtuoso del violín y también del piano. Por ello, además de gran intérprete de los clásicos ha sido un pedagogo que “ha producido ricos frutos dentro del arte musical-instrumentista” y formado alumnos suyos que han triunfado en la Sinfónica, de Venezuela y en Europa y América como la extraordinaria concertista tachirense Judit Jaimes y Humberto Castillo, otro gran pianista que, como la primera, hemos oído en San Cristóbal traído por la Junta Pro-Arte Musical del Táchira. Espinel ha sido Director de la Escuela Superior de Música, en Caracas, y de la Academia de Música de San Cristóbal, Su obra musical es valiosa y por ello se le califica como uno de los más notables musicólogos venezolanos. Es el laureado autor del Himno del Estado Táchira, escrito en San Cristóbal siendo muy joven aún. De su producción recordamos sus valses “19 de abril” y “Zagala”, Ahora vive en París, a donde ha, vuelto recientemente para estar cerca del recuerdo de los grandes genios que han alimentado y alimentan su espíritu.

ALEJANDRO FERNANDEZ: Es otro rubiense conocido en el mundo musical de la región, aún cuando se ha venido afirmando que nació en Capacho, en 1860, La sencillez de sus (composiciones anda pareja con la belleza de nuestro paisaje y cada pieza , suya es como una acuarela de luz en el cielo alegre del Táchira. Director de Banda en Rubio, Táriba y San Cristóbal, su influencia puede hallarse en la capital tachirense, donde su personalidad -por el sello de su carácter- tiene aliento y fisonomía propios. Sus valses “Cupido” y “El Molino”, su danza “El Negrito José”, se destacan de muchos otros diseminados en la región, así como sus bambucos, marchas y pasodobles. En San Cristóbal, donde tanto se le apreció y donde en la Exposición de 1906 obtuvo calificado premio musical, rindió la última jornada de su vida.

LUIS ERNESTO FLORES: Con apenas 6 años de edad, llegó a Ureña este pamplonés nacido en 1914, Allí vivió durante diez años y allí se hizo músico con Daniel Olivares; el maestro de muchos músicos tachirenses con la batuta insistente de sus bandas musicales de colorido jovial, como su carácter y como su espíritu. Los primeros centavos los ganó Luis Ernesto silbando la música que el mismo río Táchira inspiraba a los compositores de Ureña, la población musical de la región occidental, después de San Cristóbal y Rubio. En San Cristóbal vive Flores, con amor y pasión tachirenses, desde hace 32 años. Aquí ha sido excelente Director y animador de conjuntos musicales que le han dado nombradía”. En la Banda, ahora Sinfónica, del Estado y en la Academia de Música -donde en 1955 se titulo como Profesor de Teoría y Solfeo- presta eficaces y útiles servicios. Domina el. clarinete y el saxofón. De él conocemos: “Siete colores”, “Vivan los Andes”, “Mí guitarra pide vino”, “Asi es Petra”, “Uribante” . “Riendo y llorando”, “Cantos de mi tierra”, “Arpegios del Alma” y “Milagros” (esta última pieza dedicada a la hija de otro compositor, el Dr. J. Humberto Ocariz), Todas estas piezas tienen auténtico sabor regional, pues Luis Ernesto quiere y siente a. nuestra tierra como en realidad es: suya.

ELOY GALAVIS: Como su hermano don Juancho, este compositor nació en San Cristóbal en 1848. Es uno de nuestros más calificados artistas, pues no solamente se destacó como inspirado compositor sino como extraordinario virtuoso del violín. En una crónica escrita en 1879, precisamente cuando el Gobierno Regional lo comisionó para escribir la música a un canto patriótico que debía estrenarse el 5 de julio del año dicho y cuya letra era del Dr. Arnobio Pérez. Cáipe -pseudónimo de un colaborador de “El Porvenir”- decía que don Eloy era un genio artístico y aludía al milagro realizado por éste al ejecutar difíciles piezas sin necesidad del arco, pues le bastaba solamente una hoja de papel o una cartulina para reemplazarlo. Oyéndole el Carnaval de Venecia lo comparaba como superior a Brindis de Salas. Dejó piezas suyas de gran factura musical. Su bello vals “Mis Pesares”- página sentimental de una época sin afeites- su bambuco “En tu ausencia” y su danza “La Rosa” son una prueba de ello. Ojalá pudieran rescatarse todos sus valses, mazurcas, polcas, contradanzas e himnos y actualizarse para reafirmar el prestigio musical tachirense.

JUAN DE DIOS GALAVIS: Este es uno de nuestros más conocidos compositores, después de Marciales. Nació en San Cristóbal en 1865 y a su ciudad entregó la fácil inspiración obtenida en la música de los árboles y de los ríos, cada vez que su silbo era cantarina voz en el cordaje de su bandola y fuerza de atracción en aquella su recordada bodega que mas bien parecía un ateneo, donde siempre había un contertulio que calcaba en el negro y blancor del pentagrama lo precioso del numen de don Juancho, Es que éste no sabía “nota” y sin embargo, en la habilidad de su “pluma” y en la sonoridad de su bandola retenía lo que después era aire de vals o bambuco. Varias son las piezas conocidas de don Juancho, como se le llamó popularmente, pero las más populares son “Alma que sufre” y singularmente “Flor de Loto”, uno como himno sentimental de quienes en la serenata o en la emoción buscan e1 hondo palpitar terrígeno, Isabel Aretz hizo el arreglo de su bello vals “Luz y Fuego”. Don Juancho murió en su ciudad natal el 23 de junio cíe 1947 y1 su recuerdo es permanente como su música.

JOSÉ ACACIO HERNÁNDEZ: Este compositor nacido en Rubio el 27 de junio de 1917, es hijo de ese gran maestro, compositor y Director de Bandas don Pedro Hernández, el recordado y querido organista y cantor que habiendo nacido en Capacho vivió toda su vida en la bella “Ciudad Pontálida” donde sembró su arte y sus huesos después de haber formado a muchos músicos y dejado una obra ahora lamentablemente perdida. José Acacio heredó, pues, su vocación musical, de su padre y no solamente es guitarrista y compositor sino también pedagogo en su Escuela particular, donde enseña a tocar guitarra, bandolín, tiple, cuatro, contrabajo y maracas. Entre lo que lleva escrito podemos mencionar sus valses “Otilia”, “Recuerdos al maestro” “Punto y raya”, “Confidencias”, “Sublime inspiración”, “Miryam”, “Aida”, “Carmen” y “Olga”; sus bambucos “Ensoñación” y “Ana Yolanda”; su merengue “Dame el sí”; su bolero “En la noche clara”. Otras piezas y las ya nombradas son parte de su inspiración cuya fuerza emocional la impulsa el recuerdo estimulador de su padre.

ALEJANDRO JACOME: Este admirable flautista fue uno de los tipos que saben ahondar lo noble de su popularidad por la manera de ser y por la gallardía de su calidad humana. Se le quería por complaciente y galano como cachaco que fue de la Villa. De su producción como compositor puede mencionarse su bonito vals “El día de la borrasca”. Nada mas podemos decir de su ignorada vida.

JUSTO TELESFORO JAIMES: La raíz llanera de este compositor fecundó en la creación tachirense. En efecto, nacido en Palmarito hacia 1874, pasó toda su vida en San Cristóbal. Aquí realizó su obra musical y formó la contextura de la misma, andando por los barrios y calles de una villa romántica como el haz de sus emociones y de sus recuerdos. La dualidad de su inspiración quedó firme en la alegría de su joropo “Punta de Soga” y en la romántica fluidez de sus valses “El campo está florido”, “Entre amigos”, “Pluma y Lira” y “El Ave canta”, sus composiciones más conocidas y las de sabor andilianero. Y si en San Cristóbal se hizo compositor a ella supo dar su corazón y entregar sus huesos, en 1918, para añoranza de su música ofrende el cálido sentir de su tierra llana, cada vez que la luna riele su espejo sobre las ondas del río.

CARMELO LACRUZ: Nacido en Rubio 24 de septiembre de 1892, este compositor además de ser uno de los más populares fue uno de los de mayor sensibilidad humana. y artística. Discípulo de Marciales, culminó con los maestros Marcuzzi y Constantino su capacidad musical. En la Banda Departamental de la ciudad de Cúcuta donde estuvo 12 años exilado, bajo la dirección del maestro Roso Contreras, fue primer Cornetín. Lo mismo hizo en nuestra acreditada Banda Oficial y luego, en la Or¬questa Presidencial, en 1937; fue flautista pues dominó varios instrumentos. En 1944 se estableció en Mérida. con su esposa, y se entregó a la enseñanza musical desde su co¬nocido “Salón Musical de Mérida”. Tanto en el Táchira como en el vecino Norte de San¬tander son muy conocidos sus valses “Tan¬das", “Doña Angela”, “Qué será de mí”, “Pau¬lina", “Don Carlos” y “Tormento”. Se cono¬cen también su joropo “Raúl y Josefita”, su marcha “Once por Club” y su gran pasodoble “Chavita”, el cual lo hizo grandemente popular en nuestras fronteras. Su reciente fallecimiento en Mérída fue hondamente lamentado y el maestro Rivera Useche y el Dr. José Humberto Ocariz, supieron rendir¬le delicado homenaje con motivo de la visita de nuestra Banda a la culta ciudad universitaria.

FRANCISCO JAVIER MARCIALES: Nació en la aldea La Alquitrana, del Muni¬cipio Rubio, el 3 de diciembre de 1890. El maestro Pedro Hernández, organista de la Iglesia rubíense, fue su maestro, y estimula¬dores de su vocación, Francisco Rodríguez, M. Elias Rangel y Santicos Zambrano. Via¬jero constante, anduvo por San Cristóbal, Cúcuta, Cartagena. Barranquilla, Caracas. En cada ciudad quedaba el rastro de su mu¬sa y en cada paisaje lo hondo de su inspira¬ción. Virtuoso de la flauta y de la guitarra, con cada amanecer o con cada anochecer sa¬lían a volar las notas de sus bambucos, val¬ses, danzas, marchas pasodobles, etc.. pues fue un compositor fecundo y capaz. Más de 300 piezas quedaron escritas aunque no to¬das conocidas ahora porque alguien sustra¬jo la mayor parte de su producción cuando quedaban pocos días para su muerte, en el Hospital de Valencia. Intensa y apasionan¬te pero a la vez dolorosa y desconcertante fue la vida de Marciales. Los Leprocomios de Cabo Blanco y de Providencia son testi¬gos de su pena y de su angustia, cuando la bohemia lo llevo allí por el desacierto de un diagnóstico médico. Director de Bandas y Orquestas recorrió una gama de incidencias donde la alegría y la amargura andaban, parejas sin dejar de asomar en cada ventolina la estirpe de su arte y de su mensaje: “Caracciolo”, “Leyendo tu Mensaje”, “Lejana”, “Quiéreme”, “Siempre Alegre”, “Mujeres y Rosas”, “La Reina Victoria”, “Allá”, “Viva el entusiasmo”, “Exhalaciones”, “Hora Fugas”, “Corazones Unidos”, “Matilde”, “Oyeme”, “Vivan las suegras”, “Cucuteñita”, “Ultima Luz”, “Lágrima Amarga”, “Corazón adentro”, “Andina”, “Volvieron las alegrías” y tantos más, son parte de su obra dispersa y perdida. Co¬mo dijimos, murió en la ciudad del Cabriales el 31 de Mayo de 1932. El compositor más popular del Táchira.

PANFILO MEDINA: Este no es solamente un buen compositor sino también un magnífico Director, pues la Banda Militar de las Fuerzas Armadas de esta ciudad tiene en la suficiencia de su batuta una guía, desde hace mas de una década, que le da carácter y renombre en la región. En la aldea Machado del Municipio Michelena nació el maestro Medina el 2 de junio de 1911. Combinando lo telúrico con la misma naturaleza de su andanza por tierras tachirenses y después de haber dado a su afición musical el asesoramiento de la primera Escuela Musical del Táchira, con la rectoría de Ramón y Rivera y José Clemente Laya, y luego la veterana orientación del maestro Rivera Useche, este compositor ha dado una cosecha cuya factura puede calibrarse con la simple enumeración de sus títulos y sus ritmos: “Ideal”, pasodoble: “La Voz del Táchira”, “Bolívar Militar Sport Club”, “Liceo Militar Jauregui”, “'Tropas Técnicas”, “Capitán Ricaurte” y “La Ciudad Pontálida” (dedicada a Rubio en sus Sequicentenario), marchas; “Esta es Michelena”, marcha cívica; “Antorcha Olímpica Bolivariana”, marcha sinfónica; “Cantares de Primavera”, “Inspiración de Artista”, “Pro-Patria”, “Alegrías del Táchira” (dedicado a San Cristóbal en su Cuatricentenario) y “Tardes de Navidad”, bambucos: “Estela Margarita”, danza: “El astro de la noche”, serenata; “Acróstico a la ciudad de Trujillo” y “Verdad, poema y vida”, Suites; “Anhelos de juventud”, “Los dos Enriques”, “Dos corazones en uno” y “24 de junio”, valses. Recientemente ha terminado de escribir otra Suite que probablemente ha de llamarse “Remembranzas de mi Aldea”, pues en ella ha vertido el recuerdo, el amor y la expresión del lugar donde vino al mundo y aquellos aires que fueron canción de cuna en la voz de su madre y ternu¬ra de flor y niebla en la acuarela de su aldea.

Dr. LUIS EDUARDO MONTILLA: Na¬ció en San Cristóbal el 14 de forero de 1893 este médico periodista y compositor de inspi¬rado estilo. Varias son sus producciones, de las cuales podemos mencionar sus bambucos “Carmencita” (dedicado a una de sus hijas) y “Aromas de la montaña” y el vals “Paramillo”, así como “Imitación”, escrito con el Profesor M. A. Rivera Useche. Otro mérito muy espe¬cial del Dr. Montilla es el de haber sugerido, con Rivera Useche, a su hermano el diplomá¬tico, escritor y magistrado José Abel Montilla, cuando éste ejercía la Presidencia del Es¬tado Táchira, el apoyo decisivo a la entonces pobrísima Escuela de Música y el cual fue básico para el enrumbamiento y mejoramiento de la hoy flamante Academia de Música.

ANTONIO MORALES R.: Este compo¬sitor nació en San Pedro del Río, el pueblecito tachirense que semeja una postal navide¬ña en el abra somnolienta del Lobateríta. En la colombiana Pamplona fue organista o maes¬tro de Capilla hasta su muerte. De él conocemos su vals “Eso es música”. Su obra debe ser rescatarla del olvido.

ONOFRE MORENO VARGAS: Este compositor, nacido en Ureña el 10 de abril de 1910 ha cumplido una labor meritoria al fundar la Orquesta “Lira del Táchíra” que, en 1955, fue laureada con el primer premio en concurso nacional de orquestas típicas. Tiene una producción valiosa. Suyos son los valses “Emma”, “Carmen Cecilia”, “San Pe¬dro del Río”, “San Simón”, “Consuelito” y “Emilia I”; sus bambucos “Bartolo, el genio”, “En tu cumpleaños” y “El Turpial”, sus villancicos, “Aguinaldos tachirenses” y “La Buena Ventura”, así como la marcha “Radío San Cristóbal”, su conocido aire regional “Micro-joropo”, “Bajo el cielo de Coro” y “Canto a San Cristóbal”. Lleva 22 años de actividad en la Banda del Estado, es Delegado de la A. V. A. C. y aún dirige la or¬questa "Lira del Táchira". RUBEN MOROS: En l924 y en Rubio nació este joven compositor que desde sus días liceístas, prometió lo cierto de su sen¬sibilidad musical en la Estudiantina que el animó con sus hermanos y otros compañe¬ros. Fue alumno de la Escuela de Música y ya graduado de Médico dió soltura a su afi¬ción al piano y compuso algunos valses como su conocido “Estudiantina Liceísta”. En 1950 y en esta ciudad de San Cristóbal per¬dió la vida en un accidente automovilístico, en la vía hacia los Kioskos, el viejo paseo capitalino.

JOSÉ ASCENSIÓN NIÑO: Este desta¬cado político, que también fue hombre de Leyes pues ostentaba título de Procurador, fue un excelente compositor de delicada fi¬bra religiosa y sentimental. Había nacido en Lobatera pero había hecho de San Cristóbal su lugar preferido para vivir y luchar y aquí compuso algunas misas para varias voces y otras piezas de emotivo renombre. Val-dría la pena buscar esa música suya y actualizarla. Don Ascensión, igualmente fla¬mante General, murió el 16 de septiembre de 1918, después de haber sido Senador por su Estado nativo y figura de relieve en la po¬lítica regional.

Dr. JOSÉ HUMBERTO OCAR1Z: Este es un gran médico nacido en las Dantas el 1° de octubre de 1910, pero enraizado emocional y sinceramente en Rubio. En la Universidad de los Andes realiza admirable labor docente desde hace más de una década y cada vez que recuerda a su tierra tachirense, puntea en su guitarra el retorno que es niebla y color de ausencia en su mundo interior. Ha escrito ya bambucos y dos de ellos, “Albarregas” y “Oto¬ño" recogen el zumbido del aire que le da aliento para ser cada día más tachirense. Con motivo del cuatricentenario de la fundación de San Cristóbal llevo a cabo la ejemplar ta¬rea de hacer editar un hermoso “Álbum de Música Tachirense”, como homenaje de los co¬terráneos radicados en la culta ciudad de las “cinco águilas blancas”.

EVARISTO OLIVARES: En la pobla¬ción tachirense de Ureña nació este inspira¬do compositor regional. Su disciplina mu¬sical es producto de su propio afán de supe¬ración. Su primer estimulador fue el maes¬tro Daniel Olivares hijo y luego en nuestra Banda del Estado, en la cual estuvo desde 1919 hasta 1925, agilizó su aprendizaje de composición para así lograr su renombre de hoy como uno de nuestros acreditados musicó¬logos. “Besos de Miel”, “Alma Aborigen” y “Tierra de mis amores”, esta última laurea¬da, como otros valses; bambucos y joropos suyos, recorren la cordillera, en la ale¬gría de nuestras retretas dominicales y de nuestras fiestas populares. Es autor además. de la música de un canto a Rubio (en¬trenado en el sesquicentenarío de la funda¬ción de esta ciudad, con letra de Rafael M. Rosales, y toda su producción merece el aprecio de cuantos saben el valor músical de los cultivadores de nuestros aires nativos. Ha sido Director de Banda en Ureña, Rubio y Valera, donde actualmente reside alejado, lamentablemente, del mundo musical donde tantos éxitos ha obtenido y a donde su espíri¬tu debe acudir para acercarse al llamado de la tierra.

Dr. OVIDIO E. OSTOS R.: Nació este compositor en Rubio. el 22 de junio de 1912, y desde temprana edad le atrajo la música, cultivada en su hogar por sus hermanas, que tocaban piano y otros instrumentos, y en donde su reunían familias y personas que mantenían inquietudes artísticas. A los 14 años viajó a Caracas a continuar estudios, graduándose de Bachiller en 1932, y de Médico en 1938. Mientras cursaba sus estudios de bachilerato inició al mismo tiem¬po su preparación musical, asistiendo regular¬mente como alumno a la Academia Nacional de Música, donde fue discípulo aprovechado del maestro Vicente Emilio Sojo, y cursó estu¬dios completos de Historia de la Música con el maestro Juan B. Plaza. Años después, ya ejer¬ciendo en San Cristóbal su profesión de mé¬dico, continuó su capacitación musical con. el maestro Andrés A. Sandoval quien fue Director de la Academia de Música de esta ciudad durante cinco años. El Dr. Ostos ha viajado por Europa, África y América. Ha sido Presi¬dente del Salón de Lectura de San Cristóbal y miembro fundador del “Círculo de Apreciación Musical”, el cual presenta Conciertos de música grabada, cada quin¬ce días en las residencias de los socios, con comentarios sobre los autores y las obras musicales presentadas. El Dr. Ostos desarrolla una labor divulgativa en sus charlas del Círculo y en la prensa local en la que publica las reseñas y las críticas que ha¬ce de los conciertos que periódicamente pre¬senta la “Sociedad Pro Arte Musical”, con ar¬tistas visitantes de renombre internacional. Ha publicado también trabajos de investigación histórica en torno al “Salón de Lectu¬ra", y a la “Banda del Estado”. Como compositor tiene ya una producción de calificado mérito: una Sonata Clásica pa¬ra piano en cuatro movimientos; un Cuar¬teto Cínico para instrumentos de cuerda, en cuatro movimientos, ambas obras estre¬nadas en el Salón de Lectura durante su pre¬sidencia; cuatro Fugas a dos, tres y cuatro voces; una Suite Clásica para piano; cinco Canciones Corales a cuatro voces mixtas, incluidas en los repertorios de los Orfeones del Liceo Simón Bolívar, de la Escuela Nor¬mal “Román Valecillos”, y de la Escuela Normal “Gervasio Rubio”, y entre las cuales hemos oído mucho “Campanitas de la Aurora” con letra de él mismo y “Lorito real” con letra de Manuel Felipe Rugeles, ha compuesto también una Avemaria, diez valses y veinte piezas mas entre bambucos, pasodobles, mazurcas, pregones, rumbas y danzas, siendo las más conocidas los valses “Recuerdos de Estudiante”, “El Trigonómetra”, “Dulces Impresiones”, “Sublime Amor” (de¬dicado a su esposa), “Gladys Josefina” y “Beatriz Emilia” (estos dos últimos dedicados a sus hijas); Los bambucos “Primera Inspi¬ración” y “Recuerdos de mi Terruño”; la rumba “Por el Sendero” y el pregón “Lamentos”; tres himnos, y el pasodoble “San Cristóbal”, que es un canto a la ciudad cuatricentenaria, con letra de él mismo, compuesto recientemente. Con su música y coreografía de Irene May se ha presentado variar veces y siempre con gran éxito “La Cosecha de Café”, número de ballet, de típico sabor regional. Tiene igualmente una bella marcha llamada “Adiós a la Sierra” para Orquesta Sinfónica. El Dr. Ostos es, pues, un compositor que deja traslucir una vocación musical ejemplar.

LUIS FELIPE RAMÓN Y RIVERA: Nació en San Cristóbal el 23 de agosto de 1913. Inició sus estudios musicales en esta ciudad, los prosiguió en Caracas y los espe¬cializó en Montevideo. Fue Director de la Es¬cuela de Música de San Cristóbal y de la Or¬questa Típica Nacional en Caracas. Como Di-rector, como compositor y como violinista ha dado a su formación artística una verdadera y ascendente superación. Su bambuco “Brisas del Torbes” le ha dado nombradía nacio¬nal y otras piezas suyas como “Mis Aguinal¬dos”, “Chicha y Pasteles”, “El Araguaney”, “Le¬janía” y otras justifican el relieve de su obra musical.

PEDRO ANTONIO RÍOS REYNA: Aun cuando no sabemos si tiene escrita obra mu¬sical, no podemos dejar de mencionar siquie¬ra a este destacado músico tachirense nacido en Colón el 16 de noviembre de 1905, y cuya influencia rectora en Venezuela es de parti¬cular importancia por su labor pedagógica y por su calidad de dirigente. En efecto, des¬de los 8 años de edad. cuando se presentó en el Teatro Municipal de Caracas, su capaci¬dad como violinista fue en ascendencia hasta llegar a primer violín concertino de la Or¬questa Sinfónica fundada en 1930 por el maestro Vicente Emilio Sojo, de quien fue alumno en armonía y contrapunto, como an¬tes lo había sido del maestro José Lorenzo Llamozas. Ha sido profesor de violín en la Escuela Superior de Música y fundador, en 1944, del célebre Cuarteto Ríos Reyna. En la Orquesta de la Compañía de Opera de Bracale fue primera figura musical y por cierto que allí compitió en arte con otro paisano su¬yo, el famoso oboísta y clarinetista rubiense Tulio Eugenio. Recorrió también, algu¬nos países de América con la nombrada Com¬pañía. El maestro Ríos Reyna fue Pre¬sidente y Director por varios años de la re¬nombrada Orquesta Sinfónica de Venezuela, con la cual tuvo oportunidad de visitar a su tierra tachirense cuando el cincuentenario de la fundación del Salón de Lectura de San Cristóbal. Actualmente dirige la Orquesta de Cá¬mara de la Universidad Central y desarrolla actividades de mucho valer en el, mundo musical venezolano y pertenece a numerosas entidades artísticas y culturales.

MARCO ANTONIO RIVERA USECHE: El 19 de junio de 1895 nació en San Cris¬tóbal este compositor, cuya vida y cuya obra es de singular influencia en el mundo mu¬sical venezolano, pues es uno de los contemporáneos de mas calificada calidad y méri¬tos. Desde muy joven tuvo afición por la música y ya más nunca la dejó hasta alcan¬zar lo más caro de su vocación: ser un pro¬fesional de ella, sentirla, saber interpretar en el barítono o bombardino lo más íntimo de las melodías clásicas y populares, has¬ta expresarla con pasión nativista en los com¬pases de sus hermosos valses, bambucos y otros aires de calificada factura, pues Rive¬ra Useche se ha colocado a la cabeza de los buenos y reputados compositoras naciona¬les. Del maestro italiano Nicolás Constanti¬no recibió el cálido rigor de una excelente orientación musical. Más tarde lo tuvo de Leopoldo Marcuzzi y luego, en el ejercicio constante y el estudio metódico obtuvo la ca-bal experiencia no ya del intérprete, sino del compositor e integralmente la del incomparable Director de Banda. Desde junio de 1929 Rivera Useche es Director de la Banda del Estado Táchira cuya reputación la colo¬ca como la primera en su género de la Repú¬blica. En este cargo y en el arte que ha lo¬grado la dimensión de la plenitud, la obra de Rivera ea laudable y tiene el sello de la propia e intransferible fisonomía. Sus pie¬zas más conocidas son: “Rayito de Sol”, “No¬che de Luna”, “Alborada campestre”, “Tar¬des de primavera", “Irma”, “María Eugenia”, “Imitación” y tantas otras hasta su bella marcha triunfal “Salud San Cristóbal”, la Suite “Tierra Nativa” y la Obertura “La Villa” escritas como homenaje a su ciudad na¬tal con motivo del cuatricentenario de su fundación. Toda la obra de Rivera Useche está colocada en el corazón de la montaña como el amor victorioso dei hombre que sa¬be cantar la memoria del paisaje en la en¬cendida esperanza del pentagrama.

JOSÉ MARÍA RIVERA: En 1893 y en San Cristóbal nació este admirado composi¬tor que, iniciado por Santos Zambrano —el popular Santicos—, tuvo en el recordado maestro italiano Nicolás Constantino su rector para el aprendizaje musical. Algunos de sus valses, como “Ultimo Ruego” “Solo una sombra” y “Margarita”, lo mismo que su bambuco “Aires andinos”, captaron el raudo y cambiante espacio de los sembrados en primavera, cuando en los labios amanece la golondrina del beso. En un concurro musi¬cal verificado en Cúcuta obtuvo el primer premio con “Bone Spe”, una composición que le daba seguridad para nuevas experien¬cias en campos distintos a su vocación. Contratiempos de índole política hicieron perder la mayor parte de su producción y retener, en mucho, su amor por la música. La Cár-cel Publica de San Cristóbal, primero, y la Rotunda de Caracas, después, silenciaron su mejor momento musical y en la última mu¬rió en 1926.

MANUEL RODRÍGUEZ CHAVEZ: El olvido o la ignorancia oscurecen, muchas veces, el nombre de quienes algo o mucho dieron al arte tachirense. Este compositor, por ejemplo, nacido en Táriba hacia 1860 y muerto en San Cristóbal en 1947, está olvi¬dado por su tierra y por sus colegas como ese otro de apellido Colmenares, o sea el padre riel recordado hombre público Dr. Abigail Colmenares, cuya música anda ahora perdi¬da. El maestro Rodríguez Chávez llenó una época musical de su Táriba mariana y de su producción solamente pueden recordarse: “19 de abril”, “minuet”, “Carmencita”, polca; “Siempre Unidos”, bambuco, y los valses “Adiós a Seboruco” y “El Rosal”. Otras piezas suyas duermen un silencio igual al de que quien las compuso para el renombre ar¬tístico de su región.

MANUEL MARÍA SALAZAR: Fue este compositor tachirense uno de los más fecun¬dos, así como también de los más simpáticos y queridos de la ciudad. Ejecutante de la gui¬tarra era este instrumento su mejor y más fiel compañero tanto en los días de serena tranquilidad como en los de bohemia. De su producción recordamos los valses “Emma”, “Lirio”, “Por qué llorar”, “Somos tres” y “San Luis” y los bambucos “Óyeme por Dios” y “Déjame sufrir”. Según nos refiere ese gran devoto de nuestra música que es el artista José Ignacio Olivares, Don Manuel debió dejar más de cien composiciones suyas. Su estilo no tuvo confusión pues, por el contrario, ofrecía la frescura del agua cuando ésta rueda con el secreto de los pájaros.

RAFAEL ANTONIO SARMIENTO ARANDA: Libertad, la antigua y permanen¬te atalaya del prestigio capachero, fue la cu¬na de este notable y olvidado compositor naci¬do el mes de agosto de 1878 y muerto en Tári¬ba el 10 de diciembre de 1946. Discípulo de Abigaíl Ramírez y de su paisano Alejandro Fernández, su influencia fue decisiva en el estímulo del arte musical del Táchira. Se destacó como primer clarinetista de algunas Bandas de la región; por ejemplo, de la re¬nombrada “Sucre” de Rubio y de la también “Sucre” de Don Juan Semidey en San Cris¬tóbal. Fundó y dirigió la Banda de Capacho en 1898; la “Constitución”, de Borotá, la del Colegio Saleciano, de Táriba; la de El Cobre; la “Dr. Andrés Quintero Méndez”, de Tovar, y aquellas dos que dieron justa fama al burgo amable de Palmira. Para calificarlo como excelente compositor están: “Tus ojos hablan”, un bonito vals que fue a la RCA de New York para su reproducción en dis¬co; “Cuatro de Damas”, también vals, “Lamentos del Siglo XIX”, pasillo; “Se rom¬pió la zapatilla” y “Juan Bimba”, joropos; “Rosita Mora”, sentimental danza - bambuco; “Las tres lancetas”, “Santa Cecilia”, “La Ban¬dera Verde", “Corpus Dómine” y “Constitución”, marchas y su andante de carácter re¬ligioso “Lirios”. Toda esta música debería rescatarse y ese sería el mejor homenaje al desaparecido maestro Sarmiento.

Dr. FERNANDO TORRE OLIVARES: De una familia de músicos desciende este jo¬ven abogado y compositor, nacido en San Cristóbal el 20 de noviembre de 1930. Su pa¬dre fue un excelente flautista y todos sus tíos maternos han sido músicos. Por ejem¬plo Daniel Olivares fue el orientador de va¬rias generaciones en sus Bandas Infantiles, en Ureña. Rafael María Olivares tiene mu¬chas piezas escritas, lamentablemente ahora ignoradas o desconocidas. José Ignacio ha sido no solamente un buen flautista sino tam¬bién un excelente recitador y un investiga¬dor preocupado y culto de la música regio¬nal. Su madre Josefina Olivares de Torre es también musicóloga y recientemente compu¬so el himno del Demócrata Sport Club. Fer¬nando, pues, y sus hermanos todos profesio¬nales y ejecutantes de varios instrumentos, pertenece a una familia musical —si cabe— del Táchira, Es un gran aficionado al piano y el órgano y tiene escrito el vals “Penas de Amor”, instrumentado por Aldemaro Romero para su famoso lon-play del año cuatricentenario.

EZEQUIEL VIVAS: Este compositor e instrumentista nació en San Cristóbal el 10 de abril de 1905 y desde hace 34 años pres¬ta sus eficaces servicios a nuestra Banda ofi¬cial, de la cual es actualmente Sub-Director y primer bombardino, siguiendo así la trayectoria de su maestro Rivera Useche. Es además profesor en la Academia de Música y tiene un bagaje musical de singular factura regional como “El Tarapachara” y los val¬ses “Arelíx”, “A las ondas” y “Brisas de mi Torbes”, “Nostalgia” y “Embrujo montañés” y el bambuco “Canto Negro” y los joropos “Venga el sipa y las maracas”, “Vuelvan Caras”, “Dios men god”. Otras piezas suyas per¬manecen inéditas y su labor no termina, pues está en pleno vigor físico y artístico.

PEDRO EUGENIO VIVAS: Este jo¬ven compositor nació en Rubio y desde hace mucho tiempo está radicado en Trujillo, donde lleva a cabo silenciosa pero eficaz la¬bor musical. Suyos son los joropos “Brisas Andinas” y “Zapateadito”. Otras piezas su¬yas, que pudieran conocerse acá, son cono¬cidas en la tierra de los escuqueyes y quizá ha faltado un poco de acercamiento entre los que viven aquí y los que viven fuera, pa¬ra una comprensión más halagüeña.

JUAN BAUTISTA ZAMBRANO ALTUVE: Integrante de una familia de músicos, pues sus hermanas fueron magníficos ejecu-tante. este buen compositor nacido en Ru¬bio el 29 de agosto de 1904; ha logrado una producción meritoria. Además, su ciudad na¬tal le debe el esfuerzo de más de dos déca¬das como Director de la Banda Municipal y como artífice de muchos de los que andan dispersos regando el perfume de nuestras esencias; regionales. De la inspiración de Zambrano Altuve podemos nombrar sus be¬llos joropos “Lotería Junín” y “Amanecer en la pampa”; sus valses “La Ciudad Pontálída” (dedicado al autor de estos apuntes). “Se alejaron las lluvias”, “Echando bolera”, “Ro¬sa Emira”, “Dolores Aida” y “Luz del atar¬decer"; sus bambucos “Don Altagracia”, “Juyarpanito” y “Mi Guayabal”; sus pasillos “Co¬razón Andino” (también dedicado al autor de estas líneas) y “No me muerdas”, sus pasodobles “Estudiantil Sport Club” y “A tra¬vés de los Andes”, y su marcha “Obreros Sport Club” (dedicada a nuestro recordado y gran Club de béisbol). Todas estas produc¬ciones suyas le dan validez como sensitivo y cabal intérprete de la sencillez y de la ale¬gría bullentes en el paisaje, en la emoción y en la psicología tachirenses.

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Comentarios Indice biográfico de Músicos Tachirenses historiador Rafael Maria Rosales (1962) colección Manuel Felipe Rugeles N° 8

Excelente sitio de consulta. Señores, muchas gracias. Es difícil hallar en las redes sociales informaciones tan completas sobre figuras tan representativas de la cultura musical venezolana. Con su permiso tomo datos de aquí muy necesarios para mis investigaciones sobre música y músicos venezolanos.
muy buena historia de los que pasan a otra vida y dan todo por sus comunas, estado aldeas y o regiones .. falta informacion de la golondrina isaura ,del poeta compositor y maestro evencio rios romero ,francisco pinedo abrahan castro. y asi entre otros gracias mil...
sandry alexander rios chacon sandry alexander rios chacon 25/06/2014 a las 16:21

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